Europa, el hostal de los sueños muertos

En Sofía, capital de Bulgaria, el antiguo barrio judío de Utch Bunar alberga hoy el barrio árabe, conocido como la pequeña Beirut. De día es un barrio multicultural, colorido y vivaz, donde conviven lugareños e inmigrantes. Por la noche, este animado barrio se convierte en un lugar oscuro e inquietante, donde decenas de jóvenes se reúnen a las puertas de los locutorios y negocios árabes o deambulan tratando de ganarse la vida de alguna manera, buscando cualquier oportunidad de contacto con algún traficante que pueda sacarlos de Bulgaria, o simplemente matando el tiempo y esperando algún golpe de suerte.

A pocos metros de la Mezquita y la Sinagoga se encuentra uno de los muchos albergues donde decenas de norteafricanos, algunos búlgaros y, en su mayoría, afganos se agrupan en condiciones deplorables. Estos jóvenes esperan el momento de cruzar ilegalmente la frontera con Serbia. 

En aquel mugriento lugar pueden encontrarse personas deportadas de otros países europeos (principalmente Hungría, Alemania y países nórdicos), otros que pasaron más de un año en un recinto cerrado – parecido a una prisión – a pesar de haber solicitado asilo, y la mayoría aguarda sin esperanza de obtener documentos. También hay dos jóvenes sirios que tuvieron que quedarse en Bulgaria con su pasaporte de tres años y están intentando abrir un negocio, pero resultaba muy difícil porque el gobierno búlgaro no llegó a implementar ningún plan de integración.

Todos vinieron aquí con el mismo objetivo: a través de Bulgaria, cumplieron su sueño de llegar a Europa. En este albergue, el mito de Europa se desvanece lentamente y el sueño también muere con él.

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